Si J. M. Barrie tuviera que escribir hoy su obra Peter Pan, se inspiraría en Jesús Navas, un niño que sólo quiere divertirse con un balón
A pesar de que sus botas ya casi cuentan el cuarto de siglo, a Jesús Navas González aún le llaman “niño” en el vestuario del Sevilla. Él se siente bien con ese apelativo. Siempre ha sido el mimado de su casa y el vestuario, al que todos cuidan con especial ternura. Su madre, a la vuelta de sus envites futboleros, todavía le espera en las madrugadas con el cola-cao preparado en la cocina. Quizá sea su aire aniñado, o la timidez que esconden sus azulados iris o la ternura que desprende un cuerpo más dado al vuelo de una pluma que a la lucha espartana los que procuren ese aura infantil por el que todos los que rodean su figura sienten la necesidad de protegerlo.Esa sobreprotección le ha dado algún problema. En el país de Nunca Jamás el fútbol se entiende como un juego inocente de niños que sólo procuran divertirse. Así lo ve también Jesús Navas, al que el ruido externo de micrófonos y polémicas le aturde. “Voy asimilándolo”, dice. Por esa razón ha tardado tanto tiempo en llegar a la Selección. Luis Aragonés insistió en llamarle pero cada vez que se alejaba de su mundo, el de Nunca Jamás, le entraba la ansiedad de los que se sienten aturdidos por lo desconocido. Era un churumbel en un mundo de hombres talludos. Cuando cogía el balón volvía a su infancia y se sentía seguro y confiado, como si regresara al planeta de los diez años. Pero el fútbol actual ya no sólo se juega sobre el césped. Hay otro territorio en la trastienda en el que ya no se pelotea con un balón. En ese paraje, la madre y el cola-cao no esperan por las noches. Esa parte asustaba al palaciego.
Peter Navas se hace adulto
El 5 de noviembre de 2009, Jesús Peter Navas se hizo mayor de golpe. “Estoy preparado para ir a la Selección si Del Bosque me convoca”, anunció. Un día después el seleccionador escribió su nombre en la lista de futbolistas que iban a jugar dos partidos amistosos contra Argentina y Austria. “No podemos dar la espalda a un jugador que lleva muchísimos años jugando bien. Es el momento idóneo para que venga con nosotros”, justificó el entrenador salmantino.
Desde entonces Jesús Navas ha abandonado en parte el mundo de Nunca Jamás, al que regresa cuando un balón merodea por sus botas, tatuadas con el lema Dios es amor. Entonces él retorna a su infancia, donde “regateaba hasta los charcos”, según explica su descubridor Pablo Blanco, coordinador de las categorías inferiores del Sevilla.
Jesús Navas también es el niño de la Selección, a pesar de contar con tres años más que los jóvenes de la Roja (Javi Martínez, Busquets y Mata). Cuando llegó, Sergio Ramos y Güiza le acogieron como dos padres que aguardan a su hijo a la vuelta de unas vacaciones. “Es un orgullo estar al lado de unos jugadores tan importantes”, repite una y otra vez Navas cuando se le pregunta por su adaptación al equipo nacional. “No teníamos ni tenemos dudas sobre Jesús”, asegura Del Bosque. “Hay muchas esperanzas puestas en él”.
El seleccionador siempre lo tuvo en sus oraciones. Desde la primera convocatoria dio a conocer su voluntad de tener extremos en su equipo. En aquel primer partido de la nueva era, el salmantino hizo debutar a Diego Capel, íntimo amigo de Navas que ha compartido con él correrías en el mundo de los niños. Después hizo debutar a Mata. Pero él esperaba la oportunidad de llamar a Navas. “Es el mejor extremo derecho de España. Y para mí, de Europa”, afirma Manolo Jiménez, ex entrenador del Sevilla.
Desde que Jesús se postulara para la selección española, Del Bosque le ha convocado y le ha hecho jugar en todos los encuentros. Se trata del futbolista número 12 de Del Bosque, como lo era Cazorla para Luis Aragonés.
Las trayectorias del asturiano y el sevillista con España se antojan tan iguales como diferentes son las comunidades de donde proceden. Ambos llegaron justo antes de la cita de una gran competición, sin haber jugado un solo partido de la fase de clasificación para ese mismo torneo. Cazorla desembarcó en la Selección dos partidos antes de la Eurocopa. Navas, cinco antes del Mundial. El villarrealense tenía el cartel de revulsivo para Aragonés. Jugó cinco de los seis encuentros de la Euro´08, todos saltando desde el banquillo. En cuatro de ellos sustituyó a Iniesta a media hora del final, como hiciera en el partido de su debut ante Perú. Jesús Navas también se estrenó con la zamarra rojigualda entrando por Iniesta, como lo ha hecho en todos los partidos posteriores a excepción de Corea del Sur, donde celebró su primera titularidad marcando el gol de la victoria, y Polonia. Para Del Bosque, Navas se erige en su agitador particular. “Queremos que haga el trabajo que hace en el Sevilla”, reclama el seleccionador.
El Cazorla de Del Bosque
Desde que Jesús se postulara para la selección española, Del Bosque le ha convocado y le ha hecho jugar en todos los encuentros. Se trata del futbolista número 12 de Del Bosque, como lo era Cazorla para Luis Aragonés.
Las trayectorias del asturiano y el sevillista con España se antojan tan iguales como diferentes son las comunidades de donde proceden. Ambos llegaron justo antes de la cita de una gran competición, sin haber jugado un solo partido de la fase de clasificación para ese mismo torneo. Cazorla desembarcó en la Selección dos partidos antes de la Eurocopa. Navas, cinco antes del Mundial. El villarrealense tenía el cartel de revulsivo para Aragonés. Jugó cinco de los seis encuentros de la Euro´08, todos saltando desde el banquillo. En cuatro de ellos sustituyó a Iniesta a media hora del final, como hiciera en el partido de su debut ante Perú. Jesús Navas también se estrenó con la zamarra rojigualda entrando por Iniesta, como lo ha hecho en todos los partidos posteriores a excepción de Corea del Sur, donde celebró su primera titularidad marcando el gol de la victoria, y Polonia. Para Del Bosque, Navas se erige en su agitador particular. “Queremos que haga el trabajo que hace en el Sevilla”, reclama el seleccionador.
Navas goleador
Sin embargo, a diferencia de con España, en el Sánchez Pizjuán es titular indiscutible, héroe, ídolo y capitán de una afición que se derrite con cada gambeta palaciega. “A pesar de su apariencia es un portento físico”, avisa Pablo Blanco. “Es mejor que Robinho”, incide Kanouté. Como el brasileño, Navas emana ese fútbol barrial que se encuentra en periodo de extinción. “Es demasiado pequeño”, decían los informes de los equipos sevillanos cuando veían a aquel minúsculo futbolista. Hasta que Pablo Blanco le vio cuando en realidad ojeaba a su hermano. “Su mayor cualidad es la velocidad y el regate. Pero tiene fuerza. La entrena mucho. Y ha mejorado una barbaridad en su competitividad”, afirma el coordinador de la cantera nervionense.
Hace ocho días Jesús Navas se estrenó como goleador de la Selección. Lo hizo con un sensacional chut desde 25 metros salvando la cara de la Roja ante Corea del Sur. “Él tiene mucha facilidad para sacar el disparo con ambas piernas. Antes, cada temporada terminaba con diez o doce goles. Y eso era lo que Manolo Jiménez le demandaba cuando le entrenaba”. Este curso ha finalizado con diez tantos entre Liga, Champions League y Copa del Rey.
Dice el cuento de J. M. Barrie que para llegar a Nunca Jamás, ese fantástico mundo donde nadie crece, uno debe “girar en la segunda estrella a la derecha, volando hasta el amanecer”. Navas tomó ese camino hace mucho tiempo. Cuando pisa el verde, gira por su banda derecha aleteando sus piernas hasta el albor del campo. En ese momento Jesús Navas se hace niño y no crece. Y regatea “hasta los charcos”, hasta los tapines de tierra que pasan por su lado. Entonces, él sólo sueña con seguir siendo un mico.
Palabras clave: Jesús Navas, selección española, España, Peter Pan, Del Bosque, Sevilla, Luis Aragonés, Pablo Blanco, Cazorla, Iniesta, Mundial de Sudáfrica.
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